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Por Walter Celina - 20 de Mayo 2017

VIEJOS POLVOS Y NUEVOS LODOS


Podría comenzar esta columna con la frase sentenciosa más conocida: “Aquellos polvos trajeron estos lodos”. Sería un sayo de medida, exacto, para los jerarcas de ALUR/ANCAP que dispusieron la entrega de un complemento salarial, como refuerzo al sistema de retribuciones pactado entre productores y trabajadores cañeros.

En principio, no ofende la lógica que puedan existir vías de apoyo o estímulo en áreas productivas, laborales o sociales que lo precisen, valorando la cohesión de colectivos en dificultades y la cultura del trabajo.

Desde mi punto de vista, lo que vulnera la racionalidad no es esta filosofía que, como es conocido, algunos no comparten. Importa cómo se lleva adelante. Conductas voluntaristas -a la sombra del poder-, exentas de rigor legal y ético, desembocan en episodios como el de la conocida paga lateral que la industria ligada a ANCAP ha satisfecho para el personal de campo.

En el caso, surgen dos elementos claros. El primero, la falta de potestad para efectuar “donaciones” salariales por una relación de trabajo ajena y, por derivación, cómo se satisfacen los aportes a la seguridad social.

La hijuela del ente estatal jurídicamente no puede disponer del uso de fondos públicos como si se tratara de bienes de difunto. El deber de administrar y conducir los negocios de entidades paraestatales no puede confundirse con una “pila de agua bendita”, en la que se puede poner la mano disponiendo retiros.

Cuando estas cosas suceden hay derecho a pensar que, tras una presunta filosofía positiva, lo que se incuba es un propósito demagógico y personalista de directores no confiables. Por lo demás, colocados a dedo y con retribuciones suntuosas.

Conclusión básica: El Frente Amplio no puede eludir su responsabilidad política.

Algún desaprensivo, como para restarle entidad al episodio, podrá sostener que esto no es nuevo en el país.

Manejos extraños -y hasta pintorescos- no han faltado.

La producción de azúcar de remolacha hace ya algunas décadas se clausuró en el Departamento de Soriano. Todo el mundo clamó por el sostenimiento de la planta ARINSA. Aparejaba un efecto multiplicador de trabajos en Mercedes y adyacencias para ramas diversas, fuera de la ocupación de sembradores y empleados de la procesadora. Cuando la cortina cayó, implacable, se produjo una reducción en los medios de vida de cientos de personas. A los problemas de precios se unieron vicios y despilfarros empresariales. El emprendimiento murió. Y tuvo la extrema unción del Dr. Jorge Batlle.

En el vértice de Artigas, la población de Bella Unión gemía por la carencia de fuentes de ingresos cuando llegó la pseudos izquierda al gobierno.

El proyecto reactivador de la producción de caña de azúcar y actividades conexas tuvo inversiones significativas. No buenos gestores. Apenas politiquillos aprovechados. Fueron contra la esperanza norteña. Como de manera parecida antes ocurriera en Mercedes.

La historia reporta otras “invenciones financieras”. En 1960 la política restrictiva del gobierno del Partido Nacional afectó los ingresos de los funcionarios de la Administración Central. Cuando el movimiento reivindicativo se masificó, una fórmula mágica, extraña y salvadora apareció: un “préstamo no reintegrable” de unos 150 pesos por funcionario. La contradicción de los términos resultó casi jocosa, pero ¡nadie chistó…!

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