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Por Walter Celina - 4 de Julio 2016

¡NUNCA MÁS!


Las falencias de nuestro sistema político no han de resultar en un impedimento para que la memoria colectiva se inhiba y olvide hechos de crueldad inaudita que tuvieran lugar en los prolegómenos del golpe de estado de 27 de junio de 1973 y en el desarrollo de la dictadura cívico-militar.

Dependencias militares y, en menor medida policiales, fueron transformados en centros especializados de torturas y de tratos feroces y degradantes.

La documentación que surge de los expedientes rescatados de aquel tiempo, la acumulación de antecedentes que obran en los estrados judiciales, los testimonios ofrecidos por millares de víctimas y familiares, es algo absolutamente indeleble.

Los procedimientos de desaparición de las personas apremiadas hasta sus últimos suspiros se han guardado, no obstante, con macabro silencio.

La sustracción de discos operados por antropólogos universitarios, que contenían datos e hipótesis sobre el destino de personas desaparecidas muestra que aún, de aquella época, surgen manos criminales.

Si el Estado, a través de los gobiernos pasados, hizo poco -más bien nada- para devolver restos a los familiares en angustiosa búsqueda, es cierto que la presión social, permitió entrar a predios castrenses y localizar contados cuerpos.

Con motivo del reciente nuevo aniversario evocador del quebrantamiento institucional que catapultó a Juan María Bordaberry como dictador, una resolución oficial dispuso que mediante sendas placas, colocadas en dos sitios del área del Batallón 13, en Av. De las Instrucciones Nro. 1933, se acredite públicamente: “Aquí funcionó el Batallón de Infantería Nro. 13, que fue centro de detención, desaparición, tortura, muerte y enterramiento clandestino entre 1972-1985. Nunca más terrorismo de Estado. 27 de junio de 2016." La segunda, con la misma frase final, precisa: "En el Servicio de Materiales y Armamento, funcionó el Centro Clandestino de Detención 300 Carlos, también llamado "Infierno grande", lugar de detención, desaparición, tortura y muerte desde 1975."

Cabe indicar que el Batallón de Infantería 13, dependiendo en forma directa del Comando del Ejército, fue funcional desde el primer momento a la facción golpista. Movilizó tanques en las calles el 9 de febrero de 1973, con cierre de la Ciudad Vieja (el llamado “golpe de estado técnico”) y el 27 de junio de 1973 hizo sincronía con el general Gregorio Álvarez. Luego alojó enterramientos clandestinos. Los restos del catedrático Esc. Fernando Miranda fueron localizados en sus terrenos. Allí están en pendientes nuevos movimientos de tierra, en búsqueda de otros cuerpos (María Claudia Irureta Goyena de Gelman", Elena Quinteros).

La verdad se alimenta de la luz.

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