EL FANTASMA DE LA VIVIENDA
Tiempo atrás la central sindical PIT-CNT dio su visto bueno a la iniciativa de construcción de viviendas para obreros y empleados, originada en la Unión de Trabajadores Metalúrgicos y Ramas Anexas (UNTMRA).
Mas allá de un laudable propósito, la forma poco transparente de gestionar el emprendimiento ha terminado en un embrollo cuyos actores no han aclarado bien. Los episodios han desembocado en investigaciones periodísticas y en la apertura de un capítulo judicial que acumula imputados varios.
Los proyectos giran alrededor de miles de soluciones habitacionales y millones de dólares en juego. En este cuadro surgieron cheques que volaron, esfumándose. Gestiones y reclamos puntuales. Denunciantes. Y un viejo fantasma huidizo: la vivienda popular.
ANTECEDENTES
Hasta la aprobación de la Ley Nacional de Viviendas, en las postrimerías de los años 60, solo algunos gremios del Estado desarrollaban préstamos para levantar o adquirir casas de habitación. El llamado plan nacional descansaba en los aportes obligatorios de trabajadores y jubilados. Durante el proceso cívico-militar y en los años siguientes, hubo dilapidación de las importantes sumas dinerarias acumuladas en el BHU. En democracia la conducción del organismo bancario tuvo políticas erráticas.
En ese marco, de más de una veintena de años, surgieron con éxito las cooperativas de “ahorro y préstamo” y de “ayuda mutua”, las que, en general, han realizado un formidable aporte.
Mientras, el Estado viró hacia los “núcleos evolutivos” -muy elementales- y, para las áreas rurales o rurbanas, desarrolló los programas MEVIR.
El SUNCA, sindicato de la construcción, históricamente reclamó viviendas consistentes, descartando modelos constructivos livianos, de durabilidad escasa.
Defendía el concepto de vivienda popular sólida, cuyo modelo fuera INVE, el memorable instituto nacional de viviendas económicas, con planos tipo. Tal modalidad quedó a la vera del camino.
En tanto, solo las cooperativas levantaban casas bien cimentadas, con plateas aisladas, paredes regularizadas de ladrillos y ticholos, techos de hormigón armado y acabados completos. Ante los gobiernos reivindicaban carteras de tierras y la adjudicación de préstamos para las entidades colaborativas constituidas. Pero, las demoras duplicaban las expectativas legítimas.
PUNTALES FLOJOS
Así las cosas, sobrevino un viraje mayúsculo. Y. a la postre, el que está causando bastante ruido. Con actores poco visibles, que hacen movimientos tras bambalinas.
El desvío tiene una fecha. El lunes 8 de noviembre de 2010, de la mano del sindicato metalúrgico, la central PIT-CNT pone en rodaje una comisión de viviendas y abre un registro de peticionantes. Llueven inscriptos en Montevideo y en el Interior. Agrupan a los interesados según un estatuto tipo y lanzan acciones varias de financiamiento que movilizan a trabajadores. Forman el instituto de asistencia técnica orientador.
El resultado surge en un informe de la intergremial, de 20.10.2015, que señalaba: “Actualmente el PVS (plan de vivienda sindical) comprende a 214 cooperativas en todo el país, 39 ya tienen créditos adjudicados”.
¿Por qué la cosecha ha sido tan flaca?
La lucha de tendencias dentro del PIT-CNT y dentro del partido con mayor gravitación -que es el de los neocomunistas- determinó que la comisión de viviendas -creada en 2010- se integrara de un modo poco comprensible: con ausencia del sindicato idóneo en la materia, el SUNCA.
El núcleo creado incorporó a representantes de la metalurgia, puerto, transporte y comercio. Obvio que así, los Sres. Juan Castillo y Marcelo Abdala aseguraban sus piezas en el grupo de trabajo. ¿Camaradas, compañeros, amigos? ¿Aprovechados, ingenuos, incompetentes?
Veremos los frutos del sectarismo.