LA VELEIDOSA PROBIDAD HUMANA
Por donde se mire puede advertirse que los sistemas institucionales no escapan a la acción perversa y dañina de algunos de sus conductores de primer plano.
Bajo un poco más la noción a tierra. Cuando se defrauda la confianza de un colectivo con una conducta indigna o, cuando desde una posición de cierto poder se alteran, por ejemplo, estados contables, se pagan sobreprecios, se aceptan comisiones o regalos de valor (elementos frecuentes), coexisten corruptor y corruptible, sin que falten otros implicados.
Tales asociaciones operan como camarillas. Sus componentes funcionan con sigilo y se resguardan entre sí. Su objeto o finalidad tiene que ver con la obtención de ventajas de distinto orden sólo para el núcleo subrepticio, en desmedro del todo, o sea, de los demás. Sus miembros se corporizan como verdaderas sanguijuelas, a semejanza de las colonias de gusanos parásitos, extractores de sangre del cuerpo invadido.
El resultado de estas modalidades operativas es el envilecimiento de los propósitos de las instituciones. De aquellas del más alto rango, como de otras singularmente importantes, trátese de partidos políticos, congregaciones religiosas, así como de las civiles en una muy extendida gama que abarca desde las deportivas a las sindicales, pasando por sanitarias, filantrópicas y otras, como las lucrativas, financieras, promonopólicas, etc.
José Artigas, en su formidable herencia ética, legó a los orientales de su tiempo y a los uruguayos de hoy, un concepto que trasciende lo jurídico -para el que fue invocado-, constituyéndose en paralelo en una preciosa percepción psicológica: “Es muy veleidosa la probidad de los hombres, sólo el freno de la Constitución puede afirmarla.” Y este otro: “El pueblo es soberano y él sabrá investigar las operaciones de sus representantes.”
Para evitar la defraudación histórica que padecen los pueblos, hombres y mujeres, desde su lugar, debieren prevenir en los colectivos de los que formen parte. Y, llegado el caso, condenar con mano firme. Desenmascarar y apartar. Rescatar el valor de sus entidades. Limpiar, para ganarle la partida a los corruptos.
UNA LITERATURA EJEMPLAR
No por sentimiento religioso, al que soy absolutamente ajeno, sino por su belleza literaria y la voluntad de acción expuesta tras un principio, me remitiré a una página bíblica. La tengo presente desde cuando accedí al análisis de textos del Nuevo Testamento, cursando letras en el liceo público y laico que coadyuvó en mi educación.
Fragmentos de Mateo 23, en que Jesús sostuvo ante la gente y discípulos: “…Los maestros de la ley (Entiéndase intérpretes o abogados. WEC) y los fariseos (Negociantes de la clase media. WEC) enseñan con la autoridad que viene de Moisés. Por lo tanto, obedézcanlos Uds. y hagan todo lo que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra.”
El párrafo refiere a la doctrina, que debe cuidarse. Luego, llama a no imitar a quienes la corrompen.
Sobre aquellos intérpretes y negociantes denuncia: “Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas, ni siquiera con un dedo.” Añade que cultivan el exhibicionismo, lucen con pomposidad y “quieren tener los mejores lugares en las comidas y los asientos de honor en los templos, y desean que la gente los salude con todo respeto en la calle y que los llame maestros”.
Agrega la versión de Mateo: “Pero Uds. no deben pretender que la gente los llame maestros, porque son hermanos…”, “ni deben pretender que los llamen guías”. Resalta los atributos de la humildad, en rechazo al boato. Se repite de manera sostenida: “¡Ay de Uds., maestros de la ley y fariseos, hipócritas!”: “…que separan para Dios la décima parte de la menta, del anís y del comino, pero no hacen caso de las enseñanzas más importantes de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad. Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro. ¡Uds., guías ciegos, cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!”
La libertad es útil si se la ejercita como un notable bien para el progreso social y la solidaridad.
La unión colectiva puede aislar y derrotar la corrupción.