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Por Walter Celina - 30 de Abril 2016

LOS MALES DE SIEMPRE


SIGNOS DE MEDIANÍA

Advertirán los más memoriosos, a poco que puedan recordar los términos del discurso de Tabaré Vázquez el día de su segunda asunción presidencial, que aquellas palabras parecían escapadas del viejo cajón del liberalismo político. Lo rescatable de dicha alocución fue un cierto tono republicanista. Nada más. Estaban muy atrás de José Batlle y Ordóñez, al que los medios norteamericanos -en editoriales de los años 60 del siglo XX-, catalogaban de “socialista”. Es que para Vázquez las cuestiones de la economía deben persistir, tal como están, si cuentan con la aceptación del Fondo Monetario Internacional, entidad a la que está recostado y de la que es consultor.

Una economía articulada en función del mercado, con contralores nominales, cargados de ineficacia; el embrujo de las inversiones y los paraísos llamados zonas francas, con franquicias impositivas que son una burla para trabajadores y productores nacionales; la perforación de los sectores económicos y financieros del Estado, acentuada por las debilidades de la gestión gubernamental (ANCAP, UTE, OSE, Banco de Seguros), con la carga de una masa de burócratas de particular desconfianza -por no acreditar idoneidad-, parecían ya contrapesos fuertes para inhibir una tarea de gobierno de nuevo signo.

Si esto resultaba una notoria valla, la inflación llamó a la puerta con insistencia. Y, de repente, estalló la catástrofe climática, con sus terribles consecuencias. Tabaré Vázquez, como Don José, el “dios verde” que habitaba solo en una carpita a orillas del río, en Mercedes, también camina descalzo, sin rumbo fijo. Las apariciones presidenciales lo muestran con juicios empobrecidos, falto de ideas y hasta sin léxico. Su gabinete de medianía flota en las nubes.

A este cuadro general correspondería exhibirlo colgándole las falencias que hacen a su esencia.

Tomaré apenas dos, que van en línea.

EL CABALLO DE LA INFLACIÓN

Sabido es que la inflación es a la economía como la fiebre en un cuerpo enfermo. Si los precios de frutas y verduras básicas fueron un tormento en diciembre, dicha tendencia se sostuvo en enero y febrero. Pero, la canasta familiar fue contraída en enero con la subida de otros ingredientes fundamentales en la alimentación de la población. La disparada abusiva en las áreas supermercadistas marcó la tendencia, que por extensión tocaría las demás estanterías, ciudad por ciudad, barrio por barrio. En febrero la depreciación estaba instalada en todos los bolsillos, sustrayendo más a los que menos poseen.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE), admitía el tercer día de marzo que los "alimentos y bebidas no alcohólicas" registraban fuertes incrementos (del 1,88%). Indicaba subas en pan flauta (1,59%), galletas de campaña (1,25%), bizcochos (1,90%), galletas saladas (5,54%) y galletas dulces (3,53%). Para dichos cuadros numéricos las desmesuras en rubros afines, de las mismas elaboradoras, no son medibles. De yapa, el Ministro de Economía, Cr. Danilo Astori, señalaba su preocupación por “el pan fateado”, que no comen los pobres…

El INE admitió las subas astronómicas de las frutas (6,77%), sobre todo de las naranjas (24,51%), duraznos (24,79%) y limones (21,86%), los que resecos subieron al precio jamás visto de $80 y más por kilogramo.

El crecimiento de los valores luego alcanzaba a “bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes”, aumentos que socialmente no son graves. E, inmediatamente, se hacían notar subas referentes a “vivienda” y “educación”, importan mucho.

Si el 2015 culminó tocando casi los dos dígitos, en el pórtico del nuevo año el descontrol de precios y las descargas tarifarias de enero de produjeron una inflación del 2 con 45. Muy alarmante.

LA DESCONFIANZA ES MEDIBLE

Los indicadores relativos a la confianza de los consumidores verifican esa sensación de molestia (impotencia, rabia, desazón) de cada uno de nosotros, los mortales, que somos los sujetos del consumo.

La Facultad Empresarial de la Universidad Católica prepara, con sociedades coadyuvantes, índices mensuales de la percepción ciudadana en compras.

En marzo se verificó una “profundización del deterioro” de la confianza de los adquirentes. Respecto al mes anterior, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se redujo 5,3%, luego de haber registrado un descenso de 2,8% en febrero.

Los elementos del índice cayeron en el tercer mes del año, afectando la “predisposición a la compra de bienes durables”, que se redujo 12,8%.

Por otra parte, los valores de la “situación económica personal” y la “situación económica del país” verificaron respectivamente un descenso de 3,5% y 3,6%.

Con los postfrentistas en el gobierno ¿qué es lo que cambia en relación a la era anterior? Nada.

Y encima, las puñaladas climáticas.

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