Se ha dicho, con razón, que el papel resiste cualquier cosa que sobre el pueda escribirse. Podría agregarse que ojos y oídos experimentan, hasta con cierta habitualidad, formas refinadas de tortura contra el sentido común.
El comentario viene a propósito de un titular de Montevideo Portal, vehículo noticioso y de comercio, con afinidades al gobierno nacional.
El titular expresaba (1): “Astori denunció “abusos” en precios de alimentos”, en nota caratulada “El precio a pagar”.
La novedad -de algún modo hay que llamarla- había sido dada en una insólita declaración lanzada desde la secretaría de comunicaciones oficial por el mismo Ministro de Economía y Finanzas, Cr. Danilo Astori, recogida por los medios televisivos capitalinos.
Cuando escuché al economista declarar -con cierto aire majestuoso- que había resuelto convocar al Consejo de Defensa de la Competencia ante “posibles abusos en la formación de precios” en rubros alimenticios, me dije ¡por fin despertaste!.
El anuncio se producía tras el desbarranque de enero y febrero, en que los artículos de la canasta básica se habían remontado de modo sideral, por todos lados: en grandes superficies, almacenes barriales, expendios de verduras y frutas, ferias vecinales. Tanto en Montevideo como en los demás departamentos.
La depresión de las entradas fijas de la gente laboriosa y de los jubilados le hacían una cruda mueca no solo a Astori, sino también al Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, siempre jactándose de las presuntas fórmulas justicieras ofrecidas en las negociaciones con trabajadores públicos y privados y de los criterios aplicados por el BPS.
El aire pontifical del laqueado Ministro de Economía con que revelara su determinación fue seguida de una de las paparruchadas más lamentables que he escuchado en los últimos tiempos.
Simulando una diligencia que mimetizaba los hechos, agregó que convocaría al honorable Consejo de Defensa de la Competencia. ¡No faltaba más! Tal la trascendencia de la disposición gubernamental.
Y, cuando muchos podrían estarse preguntando dónde diablos orbita tal ente burocrático, don Danilo Astori lo aclaró: allí, en su propia casa, en el ministerio del cual es jerarca máximo. En dos meses no se había apercibido que tenía el extraño cuerpo en la manga, cerca de su mano.
No debía efectuar una compleja consulta al Consejo de Seguridad de la ONU, aunque tal vez sí, al FMI, de cuyas políticas es tributaria la administración frenteamplista.
Esta última anotación no es baladí. En la reciente incursión del Consejo de Ministros a Rivera el presidente Tabaré Vázquez previno -antes que Astori abriera la boca- que “no vamos a hacer un congelamiento de precios, pero sí se va a estudiar si hay algún elemento abusivo de posicionamiento en el mercado, como otro elemento más vinculado al aumento de la inflación" (2).
La cuestión para los centristas del gobierno es “no despeinarse”, compatibilizarse con el “dejad hacer, dejad pasar” (3) que lo familiarizan con los organismos internacionales.
Y, como de lo sublime a lo ridículo hay un paso, veamos cuál es el perfil descarnado en materia de protección alimentaria para la población.
Cual verdadera la crisálida, la Comisión de Defensa de la Competencia salió de su letargo. Reveló que haría un revolucionario estudio para saber si ha habido prácticas anticompetitivas en los rubros aceite comestible, arroz, pulpa de tomate y pan envasado.
¡Pan envasado! ¿Y fateado? Y lo demás. Casi loable. Aunque más poquito imposible.
Desde luego, no están haciendo nada. Solo juntando papeles.
El ministro no hizo denuncia alguna. El ministro es el denunciado.
Los precios siguen un curso ascendente, con mayor o menor inflación. Sin ningún contralor efectivo. Tan sueltos de cuerpo los valores pedidos que ya ni se acompañan con la exhibición de cada artículo. Campo libre, sin reglas, para cobrar.
Así gobernaron otros.
Así les fue.
NOTAS
(1): Montevideo Portal - 03.03.2016
(2): Agencia Uypress - 18.03.2016
(3): La vieja fórmula francesa liberal, contra la intervención del Estado, era “laissez faire, laissez passer”.