La vanidad es una antiquísima falla de conducta. En muchos casos lleva a hacerse pasar por lo que no se es.
En las fábulas, por las que en tiempos lejanos constituía un atractivo hacer hablar a los animales para entretener y enseñar a los niños, solía desprenderse una conclusión. Era la moraleja.
Para no hablar de Esopo, la Fontaine y otros, me remiré al español Félix María de Samaniego (1745-1801).
Entre más de cien, escribió El Grajo Vanidoso.
¿Qué es el grajo? Se trata de una especie animal parecida al cuervo.
En lengua castellana otra de sus acepciones es charlatán. Y hasta existe la expresión “no entiendo de graja pelada” que, es “para dar a entender que no se gusta de hacer o creer algo en que se recela engaño” (Academia - RAE).
El antedicho relato alude a la condición de los plagiarios, a los que dicen ser lo que no son, a los que trabajan con ropajes cambiados: “Con las plumas de un pavo/ un grajo se vistió; pomposo y bravo y/ en medio de los pavos se pasea./ La manada lo advierte, lo rodea:/ todos le pican, burlan y lo envían/ ¿Dónde? ¡Al peor lugar, que ni los grajos le querían!”
La pequeña historia cierra: “¿Cuánto ha que repetimos este cuento, sin que haya en los plagiarios escarmiento?”
El Vicepresidente de la República, Raúl Sendic (hijo), demostró falta de agallas cuando eludió el debate sobre la investigadora de ANCAP y, anteponiendo un viaje a un evento del exterior, pidió licencia y zarpó del país. Careció de coraje para levantar, en un debate parlamentario, los cargos de desfinanciación y mala gestión del directorio del ente que presidiera.
La oposición que, por supuesto, no está para regalarle nada, lo ha condenado y remachado ante la opinión pública. De paso, taladró al Frente Amplio.
Mientras, Sendic que estuvo en La Habana, donde cursó estudios sin concluir carrera, pudo traer un certificado, un diploma, una constancia o un papel membretado -aunque más no fuere-, acreditando la profundidad de una preparación por la que -aún sin revalidar en Uruguay- alguien pudiere llamarle “licenciado”. Vino con las manos vacías. Fue al Senado y no exhibió legajo alguno. Con las manos vacías habló en el plenario gubernamental de su partido. Siempre flotando en el limbo.
Un título supone un mérito no desdeñable. El vicepresidente sin acreditar una cualidad académica, por ella se ha dejado llamar y por la misma ha firmado.
Siendo así, insiste en vestirse como el grajo aquel, con plumas que no son suyas.
Si como sostenía Samaniego “hay plagiarios sin escarmiento”, este parece ser el uno en la historia institucional uruguaya. ¿Demostrará lo contrario?
Pero, que no cambie la figurita sellada de ANCAP por un cartón decolorido de lo que, a lo sumo, pudo consistir en un aprendizaje universitario ligero, rápido, elemental.
Las operaciones de ANCAP -que no huelen bien- podrán investigarse a fondo si el Poder Judicial llegara a disponer de los medios económicos que hoy no tiene.
De cualquier modo, no es grato a los uruguayos -frenteamplistas o no-que la segunda más alta investidura del país la detente un político tan elusivo como severamente cuestionado.