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Por Walter Celina - 3 de Marzo 2015

VIDA PÚBLICA, VIDA PRIVADA


APRECIACIONES POLÍTICAS Y MORALES

Los textos normativos -hechos para definir la organización institucional del país y las actividades que corresponden a los ciudadanos- están impregnados de preceptos morales fundados en criterios diversos. El del bien público tiene un peculiar acento tuitivo y es de una esencia permanente. Hace al Estado de Derecho.

José Artigas manejaba uno, de notable y radical sencillez: “Los cargos públicos son de honor y empeño por la república”.

Respaldando esta regla de oro estaba la patria en revolución, el ejército de los infelices buscando un destino sin ataduras coloniales.

Era una sentencia impregnada con sangre caliente, que debía guiar los pasos de los agentes de un gobierno en gestación. No era una pragmática religiosa. Era un criterio político. Dicho esto sin perjuicio de poder convenir que, en lo que se denomina “moral media”, surjan suministros de doctrinas religiosas. Tanto, como que a través de los tiempos, política y religión fueron caras de una moneda común.

Los parámetros imperantes en 1830, no se replican en la legislación que en 1900 promueve José Batlle y Ordóñez y su sector partidario, resultando un sacudimiento de mucho de lo heredado de la primera Constitución.

La “moral media” evolucionó y, del mismo modo, muchas prendas jurídicas que patentizara el régimen de facto de Gabriel Terra (1933), han quedado cortas -como un traje de niño que pega su estirón adolescente- para la sociedad de hoy. El Código Penal de Irureta Goyena es un caso patente.

Cuando en las conversaciones cotidianas se aborda la relación entre la moral pública y la moral privada, muchas veces no se advierte que la moral guarda un vínculo estrecho con el tiempo para el cual fue formulada.

TRES CASOS COMO PARA DISCUTIR

Colocaré sobre el mostrador tres hechos significativos, atinentes a esta materia. Han ocupado la atención pública y han suscitado -en buena medida- opiniones cruzadas.

Caso 1: Uruguay consagró en 2013 una modificación de la regla del Código Civil, admitiendo la unión conyugal entre personas del mismo sexo. Las parejas con estas características, hasta no hace mucho tiempo, actuaban con sigilo para evitar el escándalo público, la censura, la discriminación y sus consecuencias. Lo que la ley ahora recoge era, sencillamente, casi inadmisible hace apenas unas décadas. Algo caducó. Algo distinto se abrió paso.

Caso 2: En el verano de 2014, en las inmediaciones del Hotel “Conrad”, de Punta del Este, un senador del Partido Nacional hostigó sexualmente -en reiteración- a un funcionario policial.

El carácter homosexual de un sujeto es una cualidad personalísima, como lo es, en sentido opuesto, la heterosexualidad. Concierne a la intimidad, lo que no excluye variantes en el modo social de su exteriorización.

Interpreto que una conducta escandalosa y provocadora no se compadece con el valor ético que supone una alta investidura republicana. En el caso del senador, bien que pudo habérsele imputado “desorden de conducta”, por aplicación del Artº 115 de la Constitución y procedido a su corrección.

Pero, un silencio cómplice cundió por los mundos partidarios y legislativos…

Caso 3: Casi a fines del mismo año, un periodista soportó medidas sancionatorias por parte de corporaciones deportivas, al haber difundido que un futbolista tenía hábitos alcohólicos.

Lo dicho fue considerado una invasión a la vida privada. El valor en juego no pudo ser el derecho de ese player a emborracharse. Eso está fuera de discusión.

Lo más trascendente es que un buen deportista no lo será en tanto flaquee, atado a hábitos deformantes de su profesión. Y, tampoco será, ejemplo virtuoso para sus pares, para los jóvenes, ni para la porción social adicta al balompié. ¿Importa o no esta modalidad privada?

El valor sustancial no es el comercio en el deporte, sino el deporte en sí mismo, como escuela de valores comunitarios útiles.

De otra parte, la censura al comentario periodístico, no deja de constituir una lesión a la libertad de expresión.

Un ramillete variado, como para que entre amigos se abra un refrescante debate veraniego. ¿No le parece?

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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